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Viernes 24 de mayo del 2013

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Post  ¿Qué son los reforzadores?
por: Vallés Arándiga, Antonio

Todos aquellos estímulos que podamos introducir en la situación de respuesta del niño (en el aula de clase, por ejemplo) que tiendan a hacer más probable la aparición de la misma , constituyen lo que se denomina reforzador positivo . Si se introduce como un estímulo favorecedor de la respuesta el jugar unos minutos con plastilina, ésta se convierte en reforzador positivo porque, mediante procesos de aprendizaje asociativo, se establece la vinculación entre la satisfacción producida con tal juego (1) y la emisión de la respuesta anterior.

Si en lugar de introducir en la situación de respuesta del niño un estímulo determinado, lo retiramos de la misma, por ejemplo: “no sales al recreo hasta que no termines la tarea”, el reforzador se llama negativo ya que la suspención del mismo hace aparecer la conducta deseada.

Tipos de reforzadores

Los reforzadores de la conducta infantil se clasifican en función de varios criterios. Si el criterio es la procedencia del refuerzo, se les clasifica en;

Extrínsecos si vienen administrados por otra persona distinta del alumno. Por ejemplo: cuando el profesor le proporciona un elogio al niño por estar breves segundos o minutos atendiendo en la clase. En este caso el refuerzo también es positivo porque ha introducido algo nuevo (un estímulo) en la situación de respuesta (atender en clase) que es el elogio. En el caso de un reforzador extrínseco negativo sería aquel administrado por otra persona que eliminara una situación aversiva para el niño. Por ejemplo: “Ya puedes dejar de permanecer cara a la pared y sentarte”. El dejar de estar de cara a la pared funciona como un reforzador negativo, el cual, al eliminarlo de la situación de respuesta del alumno puede favorecer la ocurrencia de la respuesta que se desea.

Se les denomina Intrínsecos cuando son reforzadores internos, generados por los sentimientos, pensamientos o emociones del niño. Son ejemplo de ello: los sentimientos de autosuficiencia, pensamientos autoderrotantes, emociones de alegría, etc. Este tipo de reforzadores son difícilmente detectables por el observador exterior.

Reforzador primario es aquel que no es el resultado de un aprendizaje, como por ejemplo, la comida, la cual es un reforzador básico, biológico y funcional. Su efecto no está condicionado por el aprendizaje sino que actúa independientemente de éste.

Reforzador secundario es aquel que sí es aprendido y está estrechamente vinculado con el historial de reforzamiento que el niño ha recibido en su desarrollo. Los reforzadores secundarios (2) se pueden clasificar a su vez en:

MATERIALES: cuando son objetos, cosas, etc., tales como juguetes, chucherías, cuentos, prendas, etc.
SOCIALES: tales como el elogio, las sonrisas, las alabanzas, el sentirse querido, la expresión de alegría, gestos de aprobación, etc.
ACTIVIDADES: jugar con el rompecabezas, ver la TV, disfrutar de más tiempo libre, salir a la calle, ir de excursión, etc.
SITUACIONES: Estar con alguien, acudir a un lugar, permanecer en determinada posición, estar con los amigos, etc.
SISTEMA DE FICHAS: obtener vales, puntos, tarjetas, registros…, para el canje de reforzadores.

Pautas para la aplicación correcta de los reforzadores

Para que el reforzador se constituya como realmente efectivo para el alumno y para lograr mayor eficacia en su administración, deben tenerse en cuenta las siguientes pautas por parte del profesor – tutor que lleve a cabo un programa de cambio de la conducta problemática:

1.Confeccionar un listado de cuáles van a ser los posibles reforzadores para el alumno de modo que sean efectivos (motivadores).
2.El alumno no debe recibir excesivas explicaciones y razones acerca de porqué está siendo reforzado.
3.El reforzador debe estar asociado contingentemente a la respuesta deseada, es decir, administrado inmediatamente después de su ocurrencia.
4.Los reforzadores se deberán aplicar siguiendo un plan preestablecido que indique su frecuencia (razón fija, variable, continuo de intervalo, etc.) y no administrarlo de un modo discontinuo y asistemático.
5.Al principio de iniciar el plan de modificación de conducta deberán administrarse los reforzadores de modo más continuo reduciendo gradualmente la frecuencia del mismo en función de la ocurrencia y de la persistencia de la conducta – objetivo.
6.Debe controlarse hasta qué punto el reforzador que se le administra produce saciedad en el alumno. En el caso de que así ocurra deberá disponerse de otros reforzadores para su administración alternativa.
7.Deben combinarse los reforzadores materiales con los sociales.
8.Al utilizar reforzadores materiales es conveniente que el alumno se encuentre previamente en una situación de relativa deprivación o carencia del mismo.


La atención del profesor como reforzador del comportamiento del alumno

La atención que presta el profesor a los alumnos constituye un poderoso reforzador para la modificar la conducta problemática de éstos. Por atención debe entenderse aquellos refuerzos positivos o negativos administrados de modo intencional o involuntariamente por el profesor: comentarios, miradas, gestos, elogios,, censuras, reprimendas, y toda expresión que tienda a premiar o castigar la conducta del alumno.

En este sentido, a la mayoría de los alumnos les gusta recibir un elogio de su profesor, les gusta que la expresión facial del profesor sea alegre, les gusta que se le haga un gesto de aprobación. Todas estas manifestaciones de la atención del docente suelen darse, en muchas de las ocasiones, como consecuencia de haber realizado la conducta no deseada. Es muy habitual el hecho de dirigir un comentario (prestar atención) a un alumno cuando éste no ha terminado la tarea escolar. El alumno recibe una regañina (prestar atención) cuando se levanta de la silla y, así, podrían enumerarse un sinfín de situaciones en las que tiene lugar la contingencia de prestar atención a conductas no deseadas o a las que se les pretende modificar.

Una regañina puede tener efectos de extinción de determinada conducta pero lo más frecuente es que no surta efecto sino que el alumno llegue a habituarse al estímulo, en este caso, a la regañina. Si esta contingencia se repite muchas veces el alumno llega a valorar la ragañina como un … tomarle en consideración por lo que hace y así, recibiéndola, la configura como necesaria y se establece la asociación entre conducta no deseable versus regañina.

Otros tipos de comentarios pueden producir el mismo efecto negativo en la conducta del alumno: comentarios tales como: “…tan mayor como eres”, “…no te da vergüenza”, “…Quieres hacer el favor de …”, “Ya es hora de que te sientes”, u otros comentarios similares los cuales llegan a constituirse como verdaderos reforzadores positivos para la conducta que se desea eliminar.

En orden a manejar y a administrar correcta y eficazmente el poderoso reforzador que es la atención del profesor debe tenderse a invertir la contingencia de reforzamiento que generalmente suele darse en el aula de clase tal como se ha descrito en las líneas anteriores. En este sentido la inversión de la contingencia significa el prestar atención a las conductas positivas o adecuadas e ignorando las conductas – problema que no resulten excesivamente peligrosas ni destructivas (Zimmerman y Zimmerman, 1962).

Es lo que se denomina “refuerzo diferencial” que consiste en aplicar sistemáticamente consecuencias positivas a las conductas deseadas, reforzándolas e ignorando las conductas indeseables siempre que éstas no resulten extremadamente peligrosas para la integridad física del alumno o compañeros. De este modo si se logra que el profesor aplique las contingencias predispuestas de forma consistente y objetiva, es muy probable que el alumno considere a las sanciones disciplinarias como naturales, como inevitables consecuencias de su conducta y no como tratamiento arbitrario por parte del profesor (3).

Sin embargo, y a pesar de lo deseable que sería el correcto manejo de contingencias de refuerzos en la clase, las investigaciones acerca de los refuerzos facilitados por el profesor señalan los siguientes refuerzos positivos y negativos:

A.REFUERZOS POSITIVOS
*Contacto: abrazar, palmada en el hombro, coger de la mano, sentar en las rodillas.
*Alabanza: comentario verbal indicando aprobación, recomendaciones “eso está bien”.
*Atención Facial: mirar al alumno con gestos de aprobación, sonreirle, etc.

B.REFUERZOS NEGATIVOS
*Tocar al alumno: coger a un alumno fuertemente, moverlo, agitarlo, empujarlo, darle una palmada de castigo.
*Criticar: hacer un comentario de desaprobación, elevar la voz, amenazar con consecuencias desagradables como “eso está mal”, “no te rías”, “estas perdiendo el tiempo”.
*Atención Facial Negativa: fruncir el ceño, gestos y muecas de desaprobación o amenaza.
*Time – out (tiempo fuera): apagar la luz y callarse, ponerse de espaldas y esperar a que los alumnos se callen, para de hablar y esperar a que los alumnos guarden silencio, dejar sin recreo, o tiempo libre, no dejar que cojan algo agradable que esté en la clase.

Debe ponerse de relieve el peligro de un abuso de estas técnicas reductivas en el sentido de que se produzca una habituación del alumno a las consecuencias punitivas de sus conductas, especialmente en lo que se refiere a la atención del profesor cuando hace uso excesivo de la crítica verbal hacia el alumno.

No únicamente el manejo de contingencias mediante la aplicación de técnicas operantes constituye el único instrumento de modificación de conductas- problemas; es necesario además, la adopción de nuevas actitudes positivas por parte del docente que supongan un cambio prismático en la objetividad de la observación y valorización de conductas y no de personas (alumnos). En este sentido traemos a colación el texto de Nickel, el cual afirma: “…Todo esfuerzo dirigido a la modificación individual de algunos rasgos característicos aislados de la conducta, consistente por ejemplo, en hacer menos preguntas y dar más órdenes o bien en emplear con más frecuencia la expresión “por favor”, no promete tener demasiado éxito si no va acompañado al mismo tiempo de un cambio y una modificación de la postura y la actitud respecto al alumno. El esfuerzo debe concentrarse, realmente, en la modificación de las correspondientes actitudes educativas fundamentales; sólo dentro de este gran marco de relaciones podrá tener éxito la labor encaminada a conseguir una modificación de algunos rasgos característicos de la conducta, es decir, a introducir una modificación duradera en la conducta docente y con las repercusiones deseadas en los alumnos. “ (4)


Notas:
(1)El juego con la plastilina es meramente un ejemplo cualquiera. Previamente deberá elaborarse un listado en el que figuren cuáles son los estímulos que “agradan”, motivan, inducen al alumno obteniendo autosatisfacción en la realización, visión exposición, etc., ante los mismos.
(2)Una ampliación del tipo de reforzadores y ejemplos de ellos la encontrará el lector en la pág. 214 y ss.
(3)Bandura, A.: Principios de modificación de conducta. De. Sígueme, pág. 343.
(4)Horst Nickel: Psicología de la conducta del profesor. De. Herder. Barcelona, 1981, pág. 78.

Vallés Arándiga, Antonio. ¿Qué son los reforzadores?. En: Modificación de la Conducta Problemática del Alumno, técnicas y programas. De. Marfil, España 2002.


Publicado en línea por:Carla Gomez el 23/11/04

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